Hidratación y alimentación

A medida que vamos cumpliendo años va disminuyendo nuestro contenido de agua y aumentando los depósitos grasos.

La ingestión correcta de agua total, es decir la que aportan los alimentos más la que se toma como bebida, debe estar entre dos y tres litros diarios. Si nuestra dieta es rica en frutas y verduras, estos alimentos pueden proporcionarnos hasta litro y medio de agua diario.
Si aumentan estas pérdidas de líquido por esfuerzos físicos (deporte), porque tenemos fiebre o por efecto del calor, deberemos aumentar también la ingesta de agua, repartiendo las tomas a lo largo del día para favorecer el trabajo de los riñones.
La falta del suficiente consumo de agua, supone un grave peligro de deshidratación. Se trata de un grave trastorno que, cuando se tienen muchos años, puede hacerse aún más peligroso. La alternativa es por tanto BEBER AGUA AUNQUE NO SE TENGA SED.
En la vejez esa sensación de sed puede no existir. Es como si los tejidos se acostumbraran a tener poca agua. Puede ocurrir a veces que la persona siente una especie de malestar o apagamiento y es debido a esa falta de agua.

 

Es importante  que:

  1.  Cada día consuma una cantidad adecuada de agua. Incluya en su dieta alimentos que la contengan.
  2. Ten presente la disminución de la sensación de sed . Esta disminución de la sed aumenta con la edad. Beba aunque no tenga sed. Las infusiones pueden ser un buen recurso.
  3. Recuerde que la deshidratación es especialmente peligrosa para las personas de edad. Puede producir incluso descompensaciones de enfermedades ya existentes.
  4. Utilizar la sal con precaución. Cuando aumenta la concentración de sodio y disminuye la de potasio se origina en nuestro organismo retención de líquidos. El efecto diurético de un alimento depende de la relación entre sus concentraciones en sodio y potasio. Así, por ejemplo, los calabacines son muy diuréticos.

A través de la alimentación podemos ayudar a nuestro cuerpo a hidratarnos y a reponer los minerales perdidos en verano , por el calor , la sudoración etc. Los alimentos que pueden ayudarnos tienen un efecto nevera y son las frutas y las verduras, además de ser una fuente excepcional de vitaminas y fibra.
La digestión sube la temperatura del cuerpo y hace que el corazón trabaje más de lo que es normal en reposo. Por eso, si en verano nuestra alimentación es más sencilla y ligera dando preferencia a los vegetales crudos o poco cocinados en preparaciones sencillas, vamos a facilitar mucho ese proceso, nuestras digestiones serán mucho más ligeras que cuando tomamos guisos más elaborados .
Los alimentos ricos en agua favorecen la producción de orina y tienen acción depurativa, ya que con ella eliminamos toxinas, alivian la retención de líquidos, un problema que afecta sobre todo a las mujeres, a las personas con cardiopatías, hipertensión u obesidad, puesto que cuanta más agua tomemos, más fácilmente podremos expulsar los líquidos sobrantes que se acumulan en los tejidos del cuerpo, sobre todo en las piernas (tobillos, rodillas) y en el abdomen.

Los primeros platos veraniegos: cremas frías, ensaladas, menestra y pisto.

 

Fuente foto portada: Hacedoraweb

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